Temo terminar las cosas, huyo de la realización, amo mi soledad.
Me gusta pensar que nadie me observa y soy Gemma, en pijama, disfrutando el placer de vivir, viéndose cada vez más cerca de las nubes.
Lo negro me cubre y vuelvo a ese negro que todo lo absorbe,
y se lleva mi tranquilidad.
Las imágenes aparecen delante de mis ojos, observo como todo vuelve al kaos. No me gusta. Me provoca ansiedad y locura; no importa cuanto lo intente, cada vez que descubro algo nuevo, me apago y apaciguo.
Vuelvo a ser un robot sin comando, y me pregunto que hacer con tan valioso tiempo que me han dado.
Mi metálico cuerpo se homogeneiza con mi carnosa identidad, y vemos que somos lo mismo y me decepciona despertar aquí.
En una casa que no siento mi hogar.
Mi rostro no ha cambiado, he matado a los tiranos,
Nacen y nacen más, no puedo controlarlo.
Mis ojos sólo perciben gris, me siento uno más.
Recuerdo lo que era compartir, amar.
No puedo sentirlo, no me siento capaz de sonreir. Mis mundos se mezclan y aman discutir.
Olvido que intervenir es mi único poder divino.

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