Siento que me desintrego, que no quiero seguir.
Invento escenarios para alargar el sufrimiento, no me gusta ser consciente de la realidad.
Creo que hay algo ahí que quiere salir y estallar, como una supernova creando caos, generando redención.
No creo en el cielo, no sé que viene después de morir. No quisiera despertarme bajo tierra, ver a los míos partir.
Pero y si sólo es negro y no hay nada, nisiquiera tú. Y me siento muerta en vida, más no físicamente.
Me siento como un token, y muchas veces caigo al vacío.
No quiero desvariar más, me parece estúpido pelear conmigo misma. Pero es que es tan difícil hacerce caso, ser coherente con las voces en tu cabeza y tu accionar.
Quiero sentirme bien sin sentir culpa, sin que otros se sientan pasado a llevar. Pensé que todos habíamos firmado el mismo contrato social, ese que no me hacía sentido más sólo quería encajar.
Soy gilipollas y quisiera olvidar, pero temo al olvido, no me gusta la nostalgia, no me alcanza a convencer. Más recuerdo más y más y temo a lo que pueda encontrar.
Me gusta pensar que de pequeña vi una estrella caer, porque no sabía que eran bolas gigantes de gases quemandose a cientos de miles de kilómetros de aquí. Me hace gracia recordar un flash de cámara, más me alegra saber que es un recuerdo real.
Me aterra la verdad, recuerdo a medias el miedo a la miseria. No viene a mi recuerdo bueno de una infancia feliz.
Que mi consciencia despertara con el flash, que temiera del bien y del mal. Que aceptase que pertenezco a otro planeta, que alguna vez reiné.

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