No sé cómo expresar el desamor. No ese doloroso quiebre, sino lo que viene después de años de lucha contra una adicción a la que he superado.
Un pedazo del cielo que me ofrecía el mismísimo Dios.
El único hábito que no podía patear. Hoy, me puedo reahibilitar, disfrutar de las pequeñas cosas como si fuesen nuevas.
Puedo amar abiertamente, distribuir mi corazón a los que de verdad merecen esa energía.
Cada día soy una marciana más libre.
Romper esos corazones se siente bien, la cadenas caen, caen de los hombros amoratados de Gemma, y un poco de su brillo puede verse por el cristal.
He conocido a los últimos reales, he conquistado su corazón, en una forma terrícola de decir las cosas.
He encontrado iglesia en la cual arrodillarme.

Agregar un comentario